MERCAGONÍAS

Mercado, mundo-consumo, mundo-consumido-devorado-consumado-tragado, consumidor consumido. En el gran hipermercado que vivimos, la idea de “consumo” ha llegado a todos los rincones del planeta. Todo es susceptible de ser vendido y comprado, la totalidad de lo tangible y lo intangible puede ser privatizado: lo de todos, lo más intimo, el cuerpo, los genes, el tiempo, las relaciones humanas, el espacio, el aire, el futuro, la historia, los fonemas, los símbolos, los colores, los olores.

Nombrar el mercado es nombrar nuestro espacio vital, nuestro espacio biológico, psicológico y mítico. Circulamos constantemente en el mercado de consumo, incluso en los momentos de mayor intimidad. La realidad se quiere transparente, obscena. La circulación del deseo es solapada por los circuitos del mercado a modo de sistema sanguíneo. El deseo ha pasado a ser propiedad de los objetos: estos se nos presentan como deseantes, reclaman la mirada, para en el mismo instante ser abusados, desechados y sustituidos.

Podemos desplegar la palabra “Mercagonía” y jugar con ella. ¿Qué encontramos? Mercado, generación del mercado, devenir-mercado, mercancía, agonía, agónico, caigo, me cago… No es sólo interpretar una palabra. “Mercagonías” es un contexto, un espacio, un contenedor, un interrogante, una idea abierta. Es nombrar un estado de cosas, la perspectiva de su génesis y su transformación. No se trata de demonizar el mercado ni la realidad en la que vivimos, sino abrir un campo de operaciones y de trabajo en las formas, en los materiales, en las ideas, en los sentidos, sinsentidos y paradojas… en lo conocido y lo desconocido, en lo insólito, en el azar.

Queremos señalar la necesidad de descolonizar nuestro imaginario de la ideología de un mercado siempre en crecimiento, resistir, vivir de otra manera, imaginar una vida diferente. La maquinaria enloquecida del mercado no para de dar vueltas; su objetivo es su propio movimiento, la velocidad creciente, arrolladora, sin límites.

El objeto, la imagen, el desecho

Los objetos de consumo se caracterizan por ser apropiables, productibles y monetarizables. Producción anónima de objetos iguales entre sí, intercambiables pero igualmente fetichizados.

Este entorno hostil para el arte hizo que algunas propuestas de las vanguardias históricas se opusieran y resistieran al arte como mercancía. Actualmente da la impresión que el arte emula al mercado y no sólo en el sentido de que produce objetos reproductibles, réplicas o copias de un original, de lo que ya habló Walter Benjamin. Más bien, el arte actualmente parece representar la productibilidad, el mecanismo de la reproductibilidad.

La realidad se retrae por interposición de una realidad paralela, doble. Es la proliferación de las representaciones como apogeo de la copia, el simulacro, la simulación. La realidad, para algunas tendencias del arte actual, sólo parece tener interés porque puede ser reproducible mediante técnicas de simulación, de hiperrealidad, de ampliación de la visión o de realidad aumentada. Y como resultado, la realidad no se cuestiona, permanece incuestionable.

La operación simbólica del arte opera (o más bien operaba) en un espacio de ilusión que permitía separarse de lo real a través de la invención de las formas. Esta capacidad simbólica ha sufrido un retraimiento; la separación entre el espacio ilusorio y la realidad se ha acortado. Las imágenes son cosas, tienen en el mundo-consumo tanta consistencia como los objetos. Y ya no reflejan, representan o imaginan la realidad, sino que la cubren, la doblan, la saturan.

Colecciono, acumulo, selecciono y clasifico objetos e imágenes, intercambiables, monetarizables, productibles y apropiables. Un supermercado imaginario, como punto de partida, como material crudo, como materia que lleva sus significaciones incorporadas. En el trabajo artístico trato de romper la transparencia de los objetos y de las imágenes, cargarlos de secretos, hacer agujeros. Permitir que las cosas se ausenten de sí mismas, crear una distancia dentro de ellas. Introducir la risa, descolonizar el objeto.

Un objeto, cualquier objeto ya es en sí mismo un desecho, no importa el uso o desgaste que haya sufrido. El destino de cualquier objeto de consumo es ser desecho en el mismo instante que aparece. Si utilizo basura no es ni para dignificarla, ni estetizarla. ¿Sabiendo quizá que no tenemos más alternativa frente a un objeto de consumo, que otro objeto de consumo? ¿No tenemos más alternativa frente a una imagen que otra imagen? El trabajo del arte.

El amor en los tiempos de la mercancía autoritaria

Este proyecto “Mercagonías” podría llevar como subtítulo: “El capitalismo contra el amor”. La imposibilidad del amor en nuestra estructura económica. “Análisis del (bio)poder contemporáneo: la reducción de la vida humana a simple carne que vigilar y gestionar según parámetros estandarizados de belleza, salud o placer”.

En palabras de Jorge Alemán: “El Capitalismo rechaza lo imposible…, estaríamos a un paso de afirmar que entonces destruye toda forma de Don si entendemos por don precisamente lo que encarna lo imposible. El don “da nada”, no puede ser devuelto, no establece con respecto a él reciprocidad alguna, no guarda ninguna proporción con el intercambio de bienes, excluye toda posibilidad simétrica de un sujeto dando objetos a otro sujeto. El don, igual que el amor, “da lo que no se tiene”. Que el Capitalismo en su progresión histórica sea un rechazo del don (y del amor) es algo que desde distintos lugares es evaluado en sus consecuencias”.

Lacan lo dice: hombres y mujeres eso es real y no hay nada en la lengua que pueda articular algo de ese real. Ese real es hoy rechazado por la confluencia del discurso de la ciencia y el discurso del mercado donde se promueve la felicidad como imperativo y el amor sin riesgo; una banalizacion del amor, un amor líquido, como lo denomina Zygmunt Bauman. El discurso capitalista rechaza el amor porque está fuera del cálculo, no hay saber que pueda dar cuenta de la contingencia de los encuentros, ni se lo puede normativizar.

¿Una política del amor? Hay un parentesco entre política y afectos, entre política y amor: declaraciones, (in)fidelidades, adhesiones…