INTERRUMPIR

Me pregunto: ¿con estas obras pretendía desasirme de un legado tan pesado como el duchampiano? ¿Quiero burlarme de la idea romántica de genio y distanciarme de la masculinidad del arte de las vanguardias? ¿O por el contrario le rindo homenaje? Si se trata decuestionar la figura del padre, no sería tanto negarlo, como jugarcon él, jugar con el padre.
Txaro Fontalba

Los urinarios de Txaro Fontalba no sólo interrumpen la entrada al Museo de Navarra, sino también las genealogías masculinas de la historia del arte, basada en la concepción de lartista como genio, despojado de adscripciones de género, razao clase social. La serie Des-rostros, 1990 (a la que pertenecen Hombre blanco con bigote y La bella y la bestia) puede leerse como una intervención feminista en el arte contemporáneo navarro. La apropiación irónica que Fontalba hace del urinario de Duchamp desde una mirada feminizada, propone otras formas de conceptualizar el género más allá de la diferencia sexual como determinación biológica insalvable. Para su autora, estamos ante un objeto específicamente masculino, que se convierte a partir de intervenciones formales mínimas en útero-matriz-regazo. Los urinarios asaltan los distintos espacios en los que se muestran las colecciones históricas del Museo deNavarra, revirtiendo desde la ironía los discursos masculinos del museo como institución de saber/poder.
Maite Garbayo

CORTAR

Pamplona, 11/5/2017
Hola Maite, ¿qué tal estás? ¿qué tal llevas tu embarazo? ¡Espero que muy bien!
Te confieso que me está costando bastante sentirme del todo concernida con el planteamiento, algo se resiste. Sí me parece muy interesante reflexionar cómo en las genealogías del arte vasco un artista “engendra” a otro, en un proceso muy patriarcal sin la intercesión “materna”. Pienso que esto es una cuestión compartida y sufrida en mi generación, que tú seguro conoces muy bien. Te trasmito algunas ideas o posibles formalizaciones materiales:

– Silencio y censura en relación al tema de la construcción e ideología de lo vasco. Quiero realizar lenguas colgadas del techo a lo “punching balls” con nudos. Tengo algunos dibujos de hace años que podría retomar.

– Estoy intrigada y me gustaría profundizar sobre la referencia importante a Acteón en el pensamiento de Oteiza -”Yo soy Acteón”, dice- porque entiendo este mito como una escena que reflexiona sobre el cuerpo, el deseo, la mirada (masculinos) y me llama la atención cómo se identifica con el cazador cazado prehistórico, de un modo solipsista y por fuera de la dialéctica de la mirada y el objeto. Hay también una cuestión de la animalidad que me interesa. Estoy buscando bibliografía sobre Acteón y Oteiza (existe el libro de Santos Zunzunegui que está en las bibliotecas). ¿Conoces quién más ha profundizado en esto?

– Llevo un tiempo queriendo utilizar la voz como objeto en la obra. Oteiza acuña el término sonema para referirse al material sonoro del fonema, en la frontera entre lo físico y lo lingüistico. Podría ser una buena ocasión utilizar la idea de nana (lolo) y hacer referencia a la maternidad, a la emotividad ausente de líbido. Hay una cita sobre esto en Sabino Arana sobre Azkue.
¿Cuándo te viene bien que comentemos todo esto por skype?
Un abrazo y seguimos hablando,
Txaro

Cortar a Oteiza y cortar la lengua. Interrumpir, atravesarse en el legado oteiciano.

Tres dibujos de lenguas cortadas, extraídas o separadas del cuerpo y anudadas. El título hace referencia a un decir lo inapropiado, a ser descarada, y al mismo tiempo a la dificultad de hablar, a ser silenciada o callar. Entronca con una tradición femenina del habla que desborda: un habla que no sabe lo que dice, la histeria.

Cuenta Christine de Pizan en la Ciudad de las damas (1405) que a Santa Cristina de Tiro su padre le cortó la lengua por desafiar sus órdenes y negarse a venerar a sus ídolos paganos. Pero esto no la detuvo, y siguió hablando y hablando, cada vez con mayor claridad, de lo divino y de lo humano. Hablar sin lengua, como la histérica, que habla con el cuerpo, con el síntoma, a pesar de que Freud intentó hacerla pasar por el punto de control del logos (13). Cuerpos que hablan aún sin “lengua”.

Dicen que La Malinche era “la lengua” (la intérprete, la traductora) y que, como cuentan las crónicas, “quedó Moctezuma admirado de ver la lengua de Marina hablar en castellano y cortar la lengua” (14).
Maite Garbayo


13. Carson, Anne, Glass, Irony and God. New Directions Books, New York, 1995, p. 129.
14. Alvarado Tezozómoc, Hernando, “Crónica mexicana”, en Carlos Martínez Marín
(ed.), Crónicas de la Conquista: Los cronistas: conquista y colonia, México, Promexa, Clásicos de la Literatura Mexicana, 1991.

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