

Deslenguadas y otras tartamudas
“El feminismo ama otra ciencia: las ciencias y las políticas de la interpretación, de la traducción, del tartamudeo y de lo parcialmente comprendido”. Donna Haraway
“Más allá del margen de la hoja que se lee, bulle una babel pagana en voces deslenguadas, ilegibles, constantemente prófugas del sentido”. Pedro Lemebel.
“Las gallinas son tartamudas”. Ramón Gómez de la Serna
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Presento un conjunto de esculturas y dibujos realizados durante este último año, que lleva como título “Deslenguadas y otras tartamudas”. Han ido apareciendo durante este tiempo lenguas cortadas, separadas o extraídas del cuerpo, anudadas. Hago alusión a perder la lengua, callar, no disponer de la palabra o del espacio público y al mismo tiempo ser procaz, lenguaraz, decir lo inapropiado.
Hablar, blablablear, chacharear, tararear, cacarear, carcajear, balbucear, enmudecer, tatatachartartatamudear; cortar, interrumpir, repetir, bloquear, tropezar, cojear, zozobrar. Palabrear, paladear, hacer agujeros en las palabras y huecos en las sílabas.
Hablar es una experiencia material de la lengua, con la lengua, es la lengua que habla y la lengua que se habla. La lengua es el órgano más cercano al lenguaje, la lengua en la lengua (Gabriela Milone), donde órgano y lenguaje se juntan, indiscernibles. Sentir y experimentar la materialidad del habla, paladear los sonidos, como recuerdo de ese balbuceo que se olvida con el aprendizaje del lenguaje.
“Estamos apresados por la lógica del alfabeto”, dice Lemebel. Sacar la lengua, sacar a la lengua de ser una convención estable. Un diccionario tartamudo regido por elementos fonéticos fuera de la lógica de lo fonético. Aspiro a una región intermedia entre el balbuceo y la palabra, más allá de los significados específicos pero sin ser por ello totalmente insignificantes.
Desplazar palabras, sacarlas de los ejes y someterlas a una variación continua. “Yo no podría contar la multitud ni tampoco nombrarla aunque tuviera diez lenguas y diez bocas” (Homero, citado por Umberto Eco, en “El vértigo de las listas”). No hay suficientes lenguas en la boca, para atender al habla que desborda. “Un habla que no sabe lo que dice, la histeria”. (Maite Garbayo).
Existe una caracterización misógina del habla femenina, la cháchara, término utilizado por Cristina Molina Petit, que se refiere a un conocimiento considerado como un saber inferior, pero que se puede repensar, reinventar, para desfeminizarlo y hacer de él un espacio legítimo de significado (María PTQK). El tartamudeo es también una forma de resistencia a la autoridad (llamemos paternal o patriarcal). Se trataría de no considerar la tartamudez como una minusvalía o un trastorno, sino ver que implica una alta conciencia de las relaciones de poder en el lenguaje.
Amar la lengua y también experimentar su tendencia a la mudez, a la afasia, al tartamudeo. Amar el mero hablar, antes o al margen de cualquier contenido o significación y exponerse así a las repeticiones a las que el habla tiende. Conquistar el derecho al tartamudeo en oposición al bien-hablar mayoritario. O celebrar sencillamente que “hay lenguaje”, el saber y el sabor del lenguaje. Una invitación a tartamudear.

«Deslenguadas» formó parte en 2023 de la exposición «Otras liturgias» en el Museo de Navarra, en la que 35 artistas contemporáneos dialogamos con bienes procedentes del Museo Etnológico de Navarra, Julio Caro Baroja, los Fondos de Arqueología del Gobierno foral y el Museo de Navarra.
«Deslenguadas» tiene que ver con la dimensión de la palabra. Dar la palabra, otorgar palabra, quitar la palabra, hacerse con la palabra. También con el silencio de las mujeres y la dificultad de hablar.
Cuando en la obra «Madre de la otredad, cómeme» construyo un colchón con una tela impresa con una imagen de carne sobre un somier de palabras, lo que quiero es portar, otorgar la palabra a algo que es pulsional y afectivo, corporal y visceral, algo que tiene que ver con lo que me excede, el excedente y lo que está por fuera de la palabra. El colchón de carne es una invocación a la madre. En «Deslenguadas» pretendo algo en este mismo sentido, pero aquí la palabra, el mantra, la oración, la plegaria nos lleva a otro lugar. Es una invocación dirigida a un otro más abstracto, una pregunta que invoca la presencia de un otro irreductible.
Venimos al mundo en falta, cada uno de nosotros venimos al mundo marcados por una insuficiencia y una lesión fundamental, que nos empuja hacia la llamada de una forma invisible de otredad.
Siempre he dicho que las «lenguas» son cuerpos, tienen la dimensión de un cuerpo, su tamaño es el tamaño de lo que contiene el abrazo. Introduzco la potencia simbólica de la palabra en la dimensión del vínculo afectivo.
El proceso de elaboración fue tortuoso, tanto por el uso de materiales que aunque sean blandos que no son fáciles de manejar con herramientas cortantes. También el empleo de la cera implicaba trabajar con fuego y calor. Combinaba procedimientos que implican cortes en el material, que se pueden asociar con gestos violentos, pero que también había que hacer de modo meticuloso y con precisión.
Su posición de lenguas cortadas y colgadas a modo de punching ball, hace más evidente el sentido de lo sacrificial. Culturalmente, estamos muy marcados por la idea del sacrificio y poco por la cuestión del don, de la donación. El cuerpo es un don de la madre. El cuerpo como algo sagrado, que hay que honrar en el momento del nacimiento, la sexualidad o la muerte.