VARIACIONES HETÉREAS. Juan Luis Moraza

VARIACIONES HETÉREAS[1].

Del deseo como swing

“El swing no existe en el texto musical. Sólo puede darse en la ejecución”[2]
Como el amor y la música, el arte es aire, intervalo, modo sin modo. “mermelada de frutos prohibidos”[3]
Como el deseo, el sonido mueve montañas, consiste en una agitación que moviliza y emociona, que organiza y forma. No es algo, sino lo que existe entre algo, lo que en algo habita y consiste. Se trata de un intervalo nunca vacío entre consistencias, un temblor entre mundos, un vivir sintiéndose vivido, un éter heterogéneo, mixterio. “el universo más bello es un puñado de desperdicios echados a voleo”[4]
Suena un rumor de cercanía, el eco de un calor que se enciende y se apaga con medida, que alumbra el roce de pieles y de corazones. Danza un rubor de afán, el pálpito de un color que se enciende y se apaga con medida, que vela la distancia en la proximidad, que desvela la proximidad en la lejanía.Qué son es éste que fluye, sino el que está siendo en lo que de prójimo uno vive y sueña. Se trata de un sortilegio, donde las cosas se enredan en trances y trenzas cordiales. Sería poco hablar de paisajes internos, de climas del alma recorridos en instantes de verdad, de humores y pulsos, de temperaturas y de texturas. Sería poco certificar el impacto, la hondura, el dragado submarino de la oscuridad. Pues todo eso sucede en el seno de unas obras, en el instante extendido de un soplo que no concluye, ya que no se descuentan los momentos que lo forman, sino que se remontan para permanecer, como en un efecto retroactivo; como si las variaciones concluyesen justamente allá donde comienzan: en un lapso. Danzas entre el movimiento y la posición, entre lo fluido y lo sólido, entre deseo y deseado, entre causa y objeto, entre espera e instante, entre fondo y figura, entre pausa y momento, entre causa y efecto… Lo imposible es esa danza que es.No hay piel, ni coraza, ni muro que impida estar atravesados por el fuego del paisaje, por sus vibraciones, sus agitaciones, sus informaciones y sus formas, sea frío o calor, sea veneno o alimento, sea gusto o disgusto, sea orden o seducción, sea grillete o sugerencia, sea perturbación o concordia, sea lenguaje o real… estamos recorridos, somos recorridos del paisaje. Y mientras, el cuerpo retiene y devuelve, contiene y fluye, intensifica y palia. Lo simbólico y lo diabólico son secretos, secreciones del metabolismo, de la gestión y digestión de lo intratable, de lo prodigioso. “con el ruido nació el desorden y su contrario: el mundo. Con la música nació el poder y su contrario: la subversión. En el ruido se leen los códigos de la vida, las relaciones entre hombre. Clamores, Melodía, Disonancia, Armonía; en la medida en que es conformado por el hombre mediante útiles específicos, en la medida en que invade el tiempo de los hombres, en la medida en que es sonido, el ruido se vuelve fuente de proyecto y de poder, de sueño: Música. Corazón de la racionalización progresiva de la estética y refugio de la irracionalidad residual, medio de poder y forma de entretenimiento.” [5]
Acontecimiento cotidiano de un vestigio, arte es lo más contrario a inerte. Lo inerte pertenece a lo mecánico, insulso, indolente, impasible, cerrado y muerto. Lo que se transforma, lo que se abre, lo que se duele, lo que se importa, lo que desea, lo que genera, es arte.No son reflejos, sino rumores de intervalos, tonos de lapsos, sones de ecos.La disposición armónica no anula el ser, sino lo abre al vínculo, tal y como la realización del deseo no coincide con su satisfacción, sino con la asunción de su realidad, de su causa, de su ser. No reduce a las partes a la mitad faltante, sino a la implenitud perfectiva de una valencia, de una declinación, de una destitución del ensimismamiento, del narcisismo, del narcinismo. No reflejos, sino diálogos, que quebranta la unicidad, el cierre imaginario-simbólico de la razón razonada, la razón arrazonadora, arrasadora. “Un sonido, o combinación de sonidos, de cualquier tono podrá ser seguido por un sonido o combinación de sonidos, de cualquier otro tono, siempre que le intervalo de tiempo entre ellos se mida adecuadamente”[6]
Noche y día, luna creciente y menguante, semana, estaciones y años, horas y eras, meses y mesuras, virtudes y horrores, excesos y defectos, determinarse y luego arrepentirse, atreverse y acobardarse, desengañarse y persuadirse, o persuadirse y desengañarse, paralizarse y osar, arrepentirse y decidir, y en cada gesto, este alma de incertidumbres, intersticios y deseos.… ritmos, lapsos, valles y crestas, pulsaciones y vibraciones que generan texturas y estructuras físicas, químicas, orgánicas, corporales, psíquicas y sociales… El pulso desvela una posición, lo que de corporal y autónomo tiene un fenómeno; la vibración desvela un movimiento, lo que de relacional y vincular tiene un acontecimiento. Naturaleza y cultura, maravillas y monstruos, orden y caos, azar y necesidad, proximidad y lejanía, conflicto y armonía son algunas otras manifestaciones de esta doble perspectiva del estar siendo lo que es: lapsos y colapsos, valores e intervalos, ritmos y contratiempos.  “la crisis de hoy, el chiste de mañana”[7]
Campanas, sirenas, timbres, calendarios, clepsidras, cuentas, relojes de sol, de agua, de arena, de piedra, de sombra, de luna, de sangre, de vida. La mesura es conjura, sirve para domesticar, para dejar de lado lo que no se desea, y de forma especial, el flujo del tiempo. La mesura conjura los meses, los momentos que descuentan la vida contra reloj. Por eso la medida nunca es inocua: su razón vela el tiempo de la vida que se esfuma, que queda fuera. Cuando la mesura duerme, sus monstruos despiertan; cuando sueña, sus monstruos deliran. Pues si se considera que el tiempo se da sólo donde algo ocurre, lo que ocurre donde parece que nada pasa salvo el tiempo, ese un tiempo destemperado, desatendido. Y obrar en arte es ser atento al tiempo más acá y más allá de los relojes, en el ritmo mismo del estar siendo. Es cuando vuelve a empezar, perpetuamente, un formidable antaño; cuando está siendo, instantáneamente, un formidable porvenir. Lo que surge contiene la reminiscencia de lo que pudo ser, pero no como falta, sino como la exactitud completa de lo que está siendo como lo que es.    “siempre espero que el ayer va a mejorar”[8]  “se dice que el tiempo es un gran maestro; lo malo es que va matando a sus discípulos”[9] 
En efecto, somos tiempo, es decir, intervalos, pulsos, impulsos, pulsiones, aceleraciones, repeticiones, ritmos… Ciclos respiratorios, ciclos cardiacos, ciclos, metabólicos, ciclos estacionales, ciclos hormonales, ciclos vitales… instantes, momentos, ratos, días, semanas… intervalos y periodos que decantan y escancian la experiencia.
Campanas, sirenas, timbres, calendarios, horarios, cuentas… el ritmo no sólo prolonga un impulso en el tiempo, no sólo lo transmite, sino que es también el propio ser de tiempo en el impulso. El tiempo mismo no es sino ese impulso prolongado mediante el ritmo. Esa estructura de intervalos desvela que el ser del tiempo es el deseo, que el deseo es un modo temporal, una forma de la vibración, de la energía. Su naturaleza rítmica incluye la falta y la ocasión, el encuentro y la pérdida, el exceso y el defecto. El deseo es por momentos sedente, sedante, desidia[10]… y por momentos sed, seismo[11]. Por eso el deseo no demanda, no oferta, sino que causa, suscita, produce, inventa, inviene.
Materia, energía, velocidad… cuerpo, deseo y tiempo, arte en tres dimensiones: arte como deseo que causa deseo.
La vida está siéndose, toda ella, íntegra. 1024 átomos, 1012 células, 106 órganos o miembros, 103 impresiones sensoriales por segundo, 1030procesos fisico/químicos, neuronales de computación y modulación perceptiva, sentidos, potencias, sensaciones, sentimientos, pensamientos, y un estar sintiéndose “uno” como entidad e identidad distinta y distinguida del resto. Todo es ese algo en el que estoy siendo cuerpo. Pues del mismo modo que existe un mundo en el que hablo y un mundo del que hablo, existe un cuerpo en el que siento, en el que percibo, en el que digo, en el que pienso …y existe un cuerpo del que siento, del que percibo, del que pienso, del que digo. Este cuerpo en el que siento es ese algo en el que existo, que me es inaccesible salvo como fondo que se hace presente y presencial en ruidos, en lapsos, en fisuras, subrepticiamente. Este cuerpo del que siento es aquél que reconozco en sus sensaciones, en sus imaginaciones, en sus ideas, en sus proyectos y sus percepciones.Aún imperceptible, el cuerpo en el que se está siendo, en que se consiste, marca el pulso del ser del cuerpo reconocido. Y aún, las resonancias entre ambos cuerpos son a veces apreciables en esos intersticios que a veces llamamos obras, ecografías de la complejidad del estar siendo.El velo señala aquello que se desea ocultar; es desvelo, esto es, despertar y ocultar aquello que así, queda subrayado. El velo desvela al señalar, al intensificar la disposición a ver. El velo vela el deseo, mantiene despierto y cuida el pálpito oscuro. Las complejidades del estar siendo humanos son causa y efecto de una red corporal, simbólica, imaginaria que en su conjunto resulta irreductible, incognoscible. Ni la voluntad, ni la conciencia, ni la atención, ni mucho menos la orden son suficientes o capaces de saber íntegramente de ese estar siendo. Los sentidos, las instituciones, las categorías, los símbolos, las imaginaciones, son los recursos de esa imposibilidad. La personalidad, la percepción y la cultura son las aporías del ser humano. “las pulsaciones del pulso son comparables a los compases rítmicos tanto en su velocidad como en su frecuencia; las cualidades de las pulsaciones del pulso, es decir, la fuerza, la debilidad y el grado de las expansiones de la arteria, son comparables a los modos rítmicos, esto es, la rapidez o la pesadez; y el nivel de armonía y disposición que las diferentes pulsaciones del pulso alcanzan es comparable al nivel de armonía y disposición que alcanzan los compases y los modos rítmicos”[12]
Los sentidos son filtros aperceptivos: represan la mayoría de los estímulos a favor de ciertas síntesis tan convincentes y útiles como sencillas y parciales.El estar siendo se aleja o se acerca en su interacción con los estímulos. El alejamiento consiste en un modo de adaptación caracterizado por una inhibición o resistencia a la entrada de información perceptual; o por el contrario, por una receptividad a la entrada de estimulación perceptual. El ritmo de oscilaciones entre estas dos disposiciones es un índice de la plasticidad psicológica de un sujeto.Si el sujeto existe como entresijo, las comisuras de la conciencia serán su límite: ese insabido saber es el límite de ese espacio magmático, propiamente caótico, donde habitan y gobiernan las pulsiones, los fantasmas, las repeticiones… Y algo de ese prodigio, de lo más real del sujeto se hace saber en la obra. “podemos ver, oir, oler, gustar y tocar únicamente porque somos capaces de reprimir la enorme cantidad de estímulos que actúan sobre esos sentidos a favor de una pequeña fracción.”[13] “debo tener un cuerpo, porque hay algo oscuro en mí”[14] 
A veces se producen estos saltos, en los que los intersticios del estar siendo, los entresijos del cuerpo real rechinan, reclaman, se muestran, se desvelan como una intimidad tan ajena, tan extraña, que puede resultar insoportable, terrorífica. Lo monstruoso es lo que se muestra, aquello que debía haber permanecido oculto, aquello que se echa de más porque ya no se echa de menos. Pues estamos preparados para ignorarlo casi todo. No se echa de menos aquello que el hábito ha represado hasta convertirlo en un gran impulso oscuro. Y cuando manifiesta su fuerza, que arrebata cualquier rompeolas, se siente como inclemencia, como el ímpetu bárbaro de la olvidada naturaleza del cuerpo.La ofrenda, el adorno y el arte elaboran ese intersticio, ese intestino del ser. Se ofrece al monstruo un lugar, minimizando su destructividad, su retorno, su venganza.Lo monstruoso para una persona es lo bello para otra; las mitologías y las categorías son las elaboraciones sobre el gusto cambiante sobre lo bueno, lo verdadero y lo bello. El monstruo es el prodigio temible, adorable, adornable, accesorio, que en su domesticación y extirpación permite el acceso purificador a la estirpe de la belleza y la virtud de ese y para ese ser trascendental y único del humanismo, de ese cuerpo descorporalizado, sin irregularidades, sin afecciones, sin afectos, sin puntos negros, sin sombras, reflejo invertido de ese ruido, de todo aquello irreconocible, inaceptable. “la roca desprendida por los hielos y en equilibrio en un punto singular de la ladera de la montaña, la chispita que se apodera del inmenso bosque, la palabra de nada que arrastra al mundo a la guerra, el pequeño escrúpulo que impide al hombre hacer lo que quiere, la diminuta espora que arruina toda la cosecha de patatas, la minúscula gémula que nos convierte en filósofos o en idiotas. A partir de cierto nivel cada existencia tiene sus puntos singulares, cuanto mas elevado es el nivel, mayor es el número de puntos; en estos puntos, influencias cuya talla es demasiado pequeña para ser tenida en cuenta por un ser finito, pueden producir resultados de la mayor importancia”[15]“Se adorna porque se adora y la adoración no tendría sentido ni salida sin la posibilidad de adornar”[16] 
Hay una belleza de la jurisprudencia, que proviene de la costumbre, de la domesticación, de un ocultamiento de la singularidad. Esta belleza está profundamente emparentada con dos formas de violencia: la violencia de la extirpación (de la exclusión, del destierro), y la violencia de la domesticación (de la estirpe, del hábito).Hay otra belleza más inapreciada, que en arte y en vida, ofrece ocasión a su inverso, pues surge del reconocimiento de la singularidad de lo real de un ser. Esta belleza está emparentada con la violencia de la vida (de la gestación y la muerte, del acontecimiento). Tal belleza es una tolerancia a lo real.  “La virtud, sin la cual el terror resulta funesto; el terror, sin el cual la virtud se muestra impotente”[17]
Ser o parecer, esta es la cuestión: o un ser que es sin modo, sin prescripción, sin prospecto, y por tanto inédito… o asemejarse a una imagen en la que el ser queda atrapado, agazapado, protegido contra la vida. Destituir el refugio imaginario de un semblante identitario, o arrebujarse en la filiación de uno u otro requisito de homologación… La identidad es cobertura que permite ser reconocido; pero lo que cubre es un flujo, una turbulencia irreconocible, el rumor de una alteridad sustancial. “Idem-ontos, ser lo mismo. La identidad pertenece al imaginario, esto es, consiste en quedar atrapado en una imagen, en una similitud, en una equivalencia supuesta.”[18]
La reivindicación del desconcierto y del ruido coincide en la historia de la humanidad con las revoluciones de libertad -colonial, proletaria, profesional, cultural, artística-, con la atención a la belleza de lo singular, fuera de lo doméstico.En esta sonoridad encontramos la resonancia de lo singular, la voz libre del exterior, del otro, de lo más real, de lo más extranjero, afectado, afectuoso de cada alguien. El ruido es el sonido de la alteridad. Pues el sonido de un hombre es el ruido de otro.El tiempo de la alteridad no coincide con el tiempo único de las sociedades unánimes, del reloj de la iglesia, de la sirena de la fábrica, del noticiario de TV, del director de orquesta, del Gran Compositor, común a todos los seres, a todos los instrumentos, a todos los intérpretes. En el tiempo hetéreo de la alteridad no hay un tiempo, sino una polifonía de instantes, todos inciertos, todos contingentes, todos imprescindibles. “el ruido es mucho más rico de sonidos armónicos de lo que en general pueda serlo su tono. […] Nosotros gozamos mucho más combinando idealmente ruidos de tranvías, de motores de explosión, de carruajes, de gentío de explosión, que volviendo a oir la Heróica o la Pastoral”[19] “El techo de un hombre es el suelo de otro”[20] “el jazz nos cuenta su dolor.-& nos da igual-es por lo que es bello, real”[21]
Frente al tiempo objetivo del reloj industrial, el tiempo relativo y subjetivado del instante musical y del deseo. El swingpodría permitirnos apreciar el deseo como un tiempo, no tanto como un tiempo para desear, ni como el intervalo que existe entre un deseo y su eventual satisfacción, sino la consideración del deseo mismo como una forma del tiempo, como uno de los modos en los que el tiempo se hace forma, se convierte en pulso y en vínculo, en motor y movimiento.Se trata de una suerte de indeterminación temporal, de irregularidad. Aaceleraciones, deceleraciones, desajustes casi imperceptibles, juegos de espera y consecución, sonidos desplazados de lugar, notas acentuadas en una posición habitualmente no acentuada, o viceversa, pulsos terciarios en ritmos binarios, poliritmias, cortes, sorpresas rítmicas, inesperadas respecto al entorno habitual, balanceos, sincopados… Todo lo que existe como un desfase, una inadecuación muy sensible, pero no lo suficientemente acentuado como para apreciarse como tal, como para racionalizarse o registrarse. El tiempo varía, se varía en variaciones y desvariaciones, y la eclosión de la subjetividad en la interpretación (y en la composición), implica esos desfases, esas indeterminaciones, esas irregularidades. Y son justamente esos desfases e indeterminaciones los que permiten que los tiempos se “mezclen”, coincidan, se encuentren, se distancien, se paren, se contesten, se hagan esperar y esperen, se alcancen, y se ajusten …La falta de sincronización objetiva es además la ocasión del ajuste intersubjetivo, del balanceo del deseo. En el deseo, como en el swing, la indeterminación cronológica objetiva es la ocasión para la precisión vincular e intersubjetiva. Por ello el swing, como el deseo, no puede ser un hábito, ni una instrucción, sino una ocasión, un acontecimiento. Es el balanceo entre uno y otro, entre tú y yo, entre el tiempo regular del reloj, del motor y el tiempo subjetivo de la emoción. “la cualidad de relativizar y subjetivizar el tiempo”[22]     “los tiempos del compás parecen actuar desde el porvenir al presente y los unos con relación a los otros, como irresistibles polos de atracción”[23]  “Después de que Dolmetsch afina un clavicordio, tiene que desafinarlo ligeramente. ¿Por qué? Significa que la proporción de las notas distintas permanece correcta, pero que cada nota se hace sonar en dos cuerdas y estas no deben hallarse en completa armonía. Dice que las ondas se “cortan entre sí y echan a perder la resonancia.”[24]
Pero la expresión de este ruido, del ruido del sujeto, del esclavo puede convertirse en una mera democratización del mal, la exclusiva democratización de la manía, de la tiranía…El deslizamiento sutil, la astucia imperceptible no está aún enunciada con suficiente claridad. El deslizamiento sutil entre la eclosión de la singularidad del sujeto (dividuo, dividido, interdividual), y la emergencia de la mortecina pulsión perversa del individuo (uno, idéntico, identitario). En el intervalo, el virtuosismo del saber en el poder, la disarmonía, el ruido, el compás de la singularidad convertidos en objeto descomponible, recomponible, desarrollable, desenrrollable, con la precisión del contable, con la minuciosidad del analista.De este modo, subrepticiamente, toda reivindicación del ruido, toda escucha del silencio, todo dialogos, todos los esfuerzos de emancipación subjetiva, de reivindicación y libertad del sujeto moderno, podrán acabar instrumentalizados al servicio del desarrollo inercial del desarrollismo, del tiempo único, del monólogo. Este es el deslizamiento sutil de la virtud al terror, del sujeto al individuo, del monstruo al modelo, del ser al parecer, de la forma al contenido, de la emoción a la técnica, del arte a la cultura… “Quiero destruir este orden establecido que divide a la humanidad, hecha para estar unida, en pueblos enemigos, en poderosos y débiles, en ricos y pobres, que da a unos todos los derechos y no concede ninguno a los otros. Pues este estado de cosas hace que no haya en el mundo sino desdichados. Quiero destruir este orden establecido que transforma a millones de seres en esclavos de una minoría, y hace de esta minoría la esclava de su propio poder, de su propia riqueza. Quiero destruir este orden establecido que traza una frontera entre el disfrute y el trabajo”[25]
El poder es despoder (despotés), déspota e impotente, porque consiste en ese dejarse llevar por un impulso incontrolado y unilateral de dominación. El poder es impotente porque consiste en adquirir un rango, en quedar inscrito en la esfera adocenada e indiscutible de un rol del que no se puede prescindir sino a costa de perder el poder. Así el poderoso es un consentido obligado por su pulsión a tomar decisiones que obliguen a otros. La coerción es su expresión porque él mismo es la consecuencia de su propia coerción; la violencia es su fundamento porque el terror es su naturaleza (unilateral, arítmico, apresurado). La dominación es su objetivo porque es su causa desatendida.En este acorde, el estatus lo es todo: rango, posición, organización, encontrarán expresión en los modelos espaciales, temporales, texturales y tímbricos de su arquitectura y de su música, de su Lengua y de su arte: grandeza, proporción, emoción.La sonoridad fundamental del desastre consiste en el acorde sin límites de la impotencia del poder: la burbuja narcisista que no reconoce ningún límite, ningún coste, y que no espera del mundo nada que no sea facilidad, disponibilidad. Esta sonoridad surge en los albores de la humanidad, cuando por primera vez, el cacique, el niño mimado, la crisálida maternal, el dominante de la horda, habrán sentido esa ductilidad, ese gozo fácil que instrumentaliza la debilidad, el miedo, el asco del otro, y que les cobija de su propia debilidad, de su propio asco, de su angustia, tras el velo de artilugios mecánicos y metafísicos, de yugos y juguetes, de hogares y hogueras, de vetos y votos (instrumentos, cachivaches, ingenios, estadísticas, cálculos, geometrías, moralidad, filosofía, individualismo, academia, conquistas, empresas…)Este sonido dominante aspira a marcar el ritmo de la vida propia y ajena, colonizando y civilizando allá donde consigue hacerse oír, hacerse vivir. En sus variaciones, en sus armónicos, del monoteísmo al pensamiento único, del milagro a la tecnología punta, confirma y declina la sonoridad fundamental de ese “dejar hacer” propia del consentido, del sentido.    “el poder quiere orden, el saber se lo da”[26]“laissez faire”[27]“laissez vibrer”[28]“Por lo menos la mitad del mejor talento en el mundo occidental, se dedica a los negocios”[29]
El deseo del amo es que todo funcione, que las cosas sucedan justo en el instante en el que colman sus ganas, que su compás marque la existencia propia y ajena, que el cosmos sea casa, que lo doméstico sea dominio.Su compás convierte lo sentido en el sentido, los sentimientos en sentimentaloides, el sujeto en identidad, la voz en lengua, el cuerpo en carne… La Lengua no es la idealidad del habla, sino su declinación abstracta. Reducir el habla a Lengua es reducirlo a su ser metafísico, a un sistema de leyes supuestamente comunes.El compás del amo intercambia libertad por seguridad, y promete convivencia e inteligibilidad si el resto real del cuerpo y el deseo es excluido o domesticado bajo la armonía del sentido.Pero la lengua no es la carne de la voz, sino su condición mecánica. Reducir la voz a lengua es recudirlo a su ser mecánico, tal y como reducir la mirada a retina es negar su complejidad, su ductilidad, su riqueza, su intimidad.Aún recorrido por el poder de la palabra, el cuerpo no es un ser de sentido, de significación, de uso. No pertenece al lenguaje. El cuerpo si siquiera es un dato dado, positivo. Sino justamente la destitución de esa empiria. Sólo reducido a sus constantes, a su fisicidad, a su mecánica, el cuerpo deviene tema, apariencia, repertorio, ismo…Este sujeto reducido a cuerpo, este cuerpo reducir a carne, esta razón reducida a dementalidad, colapsa el ritmo del síntoma, impone el tiempo único de un instante sin pasado, y sin futuro, contenido a ser el fantasma sin presente de un instante instanticida que desmantela toda transmisión, toda probabilidad. Sin un tiempo de conexión con el saber de su experiencia, el compás dominante marca el silencio del sujeto sin voz, del síntoma mudo de saber sometido al impulso de la oferta irrenunciable, de aquello que no le está prohibido.Sin lugar, sin expectativas, el compás marca el ritmo de una existencia reducida a consumo (de manjares, noticias, afectos, mundos) que se desliza imperceptiblemente en adicción, convirtiendo noticias, afectos mundos y manjares, en estupefacientes y dependencias …el correlato de la incitación al sujeto desubjetivado a recuperar el objeto en el consumo , para compensar la pérdida que impone la inercia del sistema: la reducción a enser, sustituible, reparable, repetible, a un alguien que no es nadie, que no es nada con y en el otro, que es incierto para lo innombrable del deseo del otro. Pero el anonimato, la soledad y a angustia sólo encuentran oclusión en los significantes de la fama, la conectividad y la satisfacción.La superación del arte, convertido en mera cultura, coincide con esa clausura de la subjetividad, con la institución de un individuo sin otro, y de una agregación social sin comunidad. Pues si la cultura es un sistema de significaciones y técnicas, lo que el arte establece es por el contrario un tiempo del sujeto en el que el deseo se elabora en un trato con lo imposible.Palpar, mirar, pintar, saber, se sustituyen por conectarse, visualizar, registrar, informarse. Escuchar, mirar, oler, tocar, preguntar, saborear… se sustituyen por la atrocidad del paso al acto: cortar, horadar, sustituir, desangrar, marcar, consumir. Hacer estatuas de sangre, comer vísceras o embriones, lacerar voluntariamente la carne, masacrar la piel, cercenarse miembros, horadar cartílagos, cirugías estéticas… No es el siglo del cuerpo, sino de la carne descorporalizada, del cuerpo descarnado, la apoteosis de la mecánica extendida hasta lo más recóndito de lo vivo, desde lo más pequeño a lo más grande.Sed de goces unilaterales, de estímulos desaforados, ansia de acontecimientos extraordinarios, usos perversos que muestran el retorno de la monstrua y negada sombra umbral de la pulsión. “Los guías, los Guardianes de nuestras facultades encargados de nuestra labor, hombres vigilantes y habilidosos en la usura del tiempo, sabios que previsoramente controlan todas las posibilidades, y la propia senda que han diseñado, por la que nos conducen como máquinas”[30] “Mi propósito, el objetivo de mi enseñanza, es imposibilitarles a ustedes escribir música”[31]   “No sé lo que quieroPero sé cómo conseguirlo”[32]  

“Europa padece una extenuación en su facultad de desear”[33]

 

 

 

“Es terrible decirlo, pero a menudo la ropa más atractiva es la de la gente más pobre”[34]

“ADD ELEGANCE TO YOUR POVERTY”[35]

 

“arte posthumano”[36]

“arte traumático”[37]

“arte psicótico”[38]

“post-arte”[39]

“post-ciencia”[40]

“post-filosofía”[41]

“post-moral”[42]

“post-liberalismo”[43]

 

“se olvidan las obras de Shakespeare y Milton, a favor de novelas frenéticas, enfermizas y estúpidas tragedias alemanas y diluvios de ociosas y extravagantes narraciones en verso”[44]

En el tiempo polémico de la vida, cada gesto, cada decisión se incorpora como agente y hebra de ese tejido. Lo que reconocemos como vida es un complejo festín planetario cuyo mantenimiento y desarrollo exige enfermedad, depredación, y violencia, biolencia.Virtud y terror son nuestro nido y nuestra cárcel. La crueldad proviene de la estrechez, de la insuficiencia, de la falta de recursos de nuestros modelos psicoperceptivos, y de la inadecuación de ciertos sistemas de organización para evitar la terribilidad de la vida, proyectan el delirio de una vida sin imprevistos, sin violencia, sin costes, sin conflictos, sin vida…El rumor del terror, del asco, del miedo, la intolerancia a la incertidumbre, al descontrol, se encuentran en el fondo de todas las fantasías religiosas, de los sistemas de orden, de los principios categoriales, de los modelos geométricos, de las instituciones religiosas, de los clubs, las filiaciones, los clanes, las sectas y los partidos… Allá donde no puede soportarse la vivencia incierta de un mundo complejo, incognoscible, imprevisible y extraño… allá encontraremos la institución de todo tipo de construcciones, modelos, estructuras. Pero cuando esas estructuras, modelos e instituciones se viven como una nueva suerte de naturaleza dada o heredada, cuando se consideran a su vez no tanto como salvíficas sino como insoportables, terroríficas es entonces cuando otra generación arremete contra ellas, cuando lo que parece exhausto, desgastado e inevitable, se convierte en incipiente, posible, eventual. “¿qué quieren, entonces, aquellos que no quieren ni la virtud ni el terror?”[45]
Entonces el arte comienza a continuar, continúa comenzando, cesa de no repetirse. Se hace obra porque obra; porque obra en obrarnos, en ponernos a obrar. Es una obra porque obra, provocando emoción y deseo. “si el mundo fuera obvio, el arte no existiría”[46]
Habrá sido el arte el más constante de todos los afectos, intransitivo y asimétrico, sin exigir reciprocidad, desequilibrándose precisamente porque no es indiferencia, sino más bien una lúcida y partícipe implicación en las vicisitudes de todo ser singular. “Like the beat, beat, beat of the tom-tom when the jungle shadows fallLike the tick, tick, tock of the stately clock, as it stands against the wallLike the drip, drip, drip of the raindrops when the summer show´r is throughSo a voice within me keeps repeating, you, you, you”[47]

[1] Se llama éter (aidh, inddhe: quemar) al fluido ardiente y sutil que existe en los espacios vacíos. Lo hetéreo es el fluido ardiente que existe como vínculo.

[2] Duke Ellington. cit. en R.Solá (1981) “no vale nada si no tiene swing”, en JAZZ, nº 3. Junio 1981: 40.

[3] Marcel Mariën, Cristal Blinkers.

[4] Heráclito, Fragmentos.

[5] Jacques Attali (1995) Ruidos. Ensayo sobre la economía política de la música. Méjico, Siglo XXI: 15.

[6] Ezra Pound (1973) The Treatise on Harmony, en Selected Prose. Londres, Faber & Faber: 3

[7] R. Kennedy

[8] Carlitos. Ch.M. Schulz. Jornal da Tarde. OESP, 22 de mayo de 1979

[9] Hector Berlioz

[10] Lat. SEDEO.

[11] Gr. SEIO.

[12] Avicena. cit, en :Shigehisa Kuriyama (2005) La expresividad del cuerpo. Madrid. Siruela: 87

[13] G. Groddeck (1999) La vista, el mundo del ojo y ver sin ojos. Jaen, Del Lunar: 13

[14] Deleuze (1987) El Pliegue. Leibniz y el barroco. Barcelona, Gedisa.

[15] Maxwell (1870) Science and Free Hill.

[16] Carlos Silva (1980) Ornamento y demonios. Caracas. Monte Avila: 53

[17] Robespierre, Discurso del 17 de pluvioso del año II-6 de Febrero de 1794.

[18] A. Asarta (2006), Interentidad, Madrid: 1

[19] Luigi Russolo (1998) El arte de los ruidos. Madrid, Centro de Creación Experimental: 27

[20] Paul Simon (1973) There Goes Rhymin´Simon. Warner Bros. Records.

[21] E. Satie. “Razonamientos de un testarudo” en Memorias de un amnésico (1998) Madrid, Ardora: 112

[22] R.Solá (1981) “no vale nada si no tiene swing”, en JAZZ, nº 3. Junio 1981: 39-47

[23] L. Malson (1952, 1980) Los maestros del Jazz. Ed. Universitaria de Buenos Aires: 15,16

[24] Ezra Pound, “The Treatise on Harmony”, en Selected Prose 1909-1965, William Cookson (ed.), Londres, Faber & Faber, 1973. p.3

[25] R. Wagner, L´art et la Révolution (1848). cit en J. Attali. op cit: 23

[26] M. Serres: “La distribución del caos”. en Hermes IV. La distribución. Paris. Minuit: 30

[27] Colbert

[28] Debussy

[29] Marshall (1907) “Posibilidades sociales de la caballerosidad económica” Economic Journal, XVII: 9.

[30] William Wordsworth: The Prelude, Libro V. Oxford University Press: 91

[31] Schöenberg, cit. en John Cage (1981) Para los pájaros, Caracas, Monte Avila: 79.

[32] Lyndon, John (1977) Sex on 45, Sex Pistols.

[33] Ortega y Gasset (1971) España invertebrada. Madrid. Revista de Occidente.

[34] Christian Lacroix, en Vogue, N.Y. abril 1994

[35] Cartel en la exposición inaugural del Palais de Tokio en París, en 2002.

[36] Jefffrey Deitch

[37] Hal Foster

[38] M. Perniola

[39] Arthur Danto

[40] John Horgan

[41] Richard Rorty

[42] Lipovetsky

[43] Davos

[44] Wordsworth, W. “Prefacio a las baladas líricas” (1800) cit. Bell, D (1977) Las contradicciones del capitalismo, Madrid, Alianza: 91

[45] L. de Saint-Just, Organt. Poème en vingt chant…, Au Vatican, 1789, OC: 199-200. cit. R. Bodei (1995) Geometría de las pasiones. Barcelona, Muchnik: 509.

[46] Albert Camus

[47] Cole Porter, Night & Day.

 

Juan Luis Moraza, 2007