POÉTICOS Y PROVOCADORES FILTROS DE AMOR. María Antonia Estévez

Filtros de amor. Galería & Ediciones Ginkgo, Madrid. 1 al 30 de abril de 1997.

“Quiero subjetivizar aquello que está allí atrapado por las construcciones culturales impuestas. […] El filtro tiene que ver con la moralidad, con el control del deseo, con la inquietud de cuanto entra y cuanto sale. Todo ello se plasma en mis pinturas.”


Primera exposición individual de la pamplonesa Txaro Fontalba en Madrid, precedida de otras tres colectivas en esta misma ciudad, y del prestigio de su paso por la Feria de Arte Contemporáneo ARCO´97 en la misma gelería Gingko, que acoge ahora su obra, una de estas selectivas galerías dedicadas a jóvenes valores contemporáneos que desarrollan su actividad a la sombra protectora del Museo Reina Sofía.

“Filtros de amor” es el título que la autora de esta exposición, basada en un juego formal sobre coladores y escurridores. ¿Es ya una provocación el intentar aclarar con palabras tan poéticas el significado de una investigación plástica de difícil comprensión en torno a un simple escurridor de supermercado? No importa si a la primera mirada allí no se perciben filtros ni siquiera coladores o escurridores.

Cuando uno se acerca a la obra de los jóvenes artistas que reclaman la modernidad, hay que andar de puntillas y liberarse en el camino de todo prejuicio formal. Lo que importa, lo que subyuga de esta forma de asomarse a la realidad es que detrás de la mirada del artista subyace como un mundo de aprendizaje, vivencias, lecturas, formación, etc., que desvela el otro lado de la realidad, con frecuencia hostil a toda interpretación social establecida. Incluso a veces, a toda racionalidad.

Todo artista ve lo que el profano no ve. Algunos artistas saben transmitir esa sabiduría propia a la primera mirada de su obra, otros guardan años en hacerse entender y otros se pierden en la nada, en el desvarío o la locura, y la historia está llena de ejemplos clamorosos de todos ellos.

El camino

Txaro Fontalba trabaja con ahínco y tesón en hacerse un hueco con luz propia en el camino difícil de la obra conceptual. Inición su marcha en los cursos monográficos del ayuntamiento pamplonés, con maestros del prestigio de Juan José Aquerreta, Isabel Baquedano, Salvador Ganuza y el desaparecido paisajista Ascunce.

Se fue luego a la Facultad de Bellas Artes de Lejona -otro maestro navarro a su lado, el escultor Ángel Bados- y saltó luego a Londres con una beca del Gobierno de Navarra. Y aunque no le va nada mal como ella misma, animosa, comenta -varios premios individuales, becas, presencia en certámenes internacionales y en galerías de prestigio más el respeto y el respaldo impagable que supone el ver tu obra acogida en la máxima representación ferial de arte contemporáneo de este país- sabe que con este tipo de pintura no puede permitirse excesivas alegrías de supervivencia económica y debe apuntalar su intendencia con otros recursos.

Ahora da clases de plástica en el instituto de Carcastillo mientras por las tardes y los fines de semana continúa combativa su trabajo en Pamplona con otros cuatro compañeros de su generación: Santiago García, Alfonso Ascunce, Josemi Corral y Jorge Martínez.

Guarda su trabajo cuidadosamente catalogado prácticamente desde sus comienzos, desde aquel “Pleura-pleonasmo” del año 86, su primera individual en la CAN. Cambia, evoluciona, ahora este material, luego aquel, ahora escultura, luego pintura…

– No marco distinción alguna. Mientras hacía escultura en Bellas Artes me presentaba a concursos de pintura. A veces sale una cosa, a veces otra, pero simpre hay un hilo conductor, un tema que retomo, un material que reutilizo, una escultura que luego convierto en pintura, un cuadro que luego fotografío…

– La obra realizada con la beca del Gobierno Foral en Londres sí es escultura pura y dura…

– En Londres trabajé influenciada por lo que entonces estaba en boga y de ahí esa presencia conceptual fuerte, ese planteamiento formal con una referencia muy fuerte a los objetos y a las técnicas y materiales industriales, con algunas referencias muy irónicas corporales. Ya estaban muy de moda entonces los temas basados en la experiencia corporal cotidiana.

El poder del cuerpo

– De ahí sus pleuras…

– No, no. Esa sensación de la omnipresencia y del poder del cuerpo ya la había percibido con mucha anterioridad y creo que está presente desde el principio de mi obra. En “Pleura pleonasmo” es ya evidente. Parto de sensaciones e ideas que tienen que ver con los pulmones, con la respiración, con los conductos por los que circulan fluidos y flujos. Me interesa ese mundo que llevamos en nuestras profundidades y que ruge y se expresa en sonidos o en palabras a través de los agujeros corporales.

– ¿Ya estaban en los agujeros corporales de tus exposiciones de ayer los agujeros de los filtros de hoy?

– Claro. Es una dialéctica que avanza. Para mi lo más profundo del cuerpo es la piel. En la piel, los agujeros, los huecos, el vacío, el alma. ¿Se acuerda de los neoplatónicos que pensaban en el cuerpo como una materia sombría y absorbente, como un agujero en donde el alma caía cautivada por la curiosidad? Todas las filosofías ascéticas insisten en los esfuerzos que hace el alma humana para desprenderse, separarse y dominar este cuerpo extraño que habita…

-¿Ve el cuerpo como un colador místico por donde el alma escapa liberada?

-Al contrario. Le veo atrapado por ese filtro que le separa de la realidad porque cuanto mayor es el filtro mayor es el obstáculo, mayor la oposición a lo que oprime desde el exterior. Veo el cuerpo rendido ante esa oposición, ensimismado sobre sí mismo, sin salida, resignado a habitar sus propias profundidades…

-¿Fue la pasión por los agujeros y las profundidades la que le llevó de la mano al urinario? Veo urinarios en distintas versiones realizadas en años diferentes… Los veo vestidos de piel de seda, transformados en rostros barbudos, con turbantes o gorros de alas, pilotos de los años históricos de la aviación…

-Me apropié del urinario de Marcel Duchamp para jugar un poco con él. Me compré varios y los convertí en cabezas, hice rostros, les puse barba, piel de vaca, vestimenta con gorro, autorretrato, para implicarme yo más. Los superpongo y ¡zas! me sale un pelvis, una entrepierna y convierto esta imagen capaz de carga erótica, a veces procaz, en el formato de mis cuadros de coladores.

– ¿Por qué?

– ¿Cómo que por qué? De alguna manera son conceptos referentes a la violencia, al poder. Mis coladores son también una resistencia al poder.

La violencia del cuerpo

– También hay violencia en el “Bestiario de amor”, esta serie suya de corazones horadados, de agujeros, en la mujer bala…

– Puede ser. La serie “Bestiario de amor” está trabajada con elementos que tienen que ver con la vestimenta, pespuntes, etc.: con corazones que tienen que ver con la emotividad, tan ligada al cuerpo femenino por educación. Y aparecen también agujeros, contenedores de flujo, órganos sexuales, formas cárnicas, relaciones del cuerpo femenino con las armas, como la mujer bala, que habla de la violencia y que es un tema que desarrollaré más algún día. De violencia y de poder.

– Y de manipulación.

– También porque utilizo artilugios sexuales y los convierto en mujeres, en muñecos que también tienen que ver con el poder, con la utilización del cuerpo femenino, también mecanizado… Mujer como de goma que se puede transformar en cualquier cosa. Muñeca a la que se da cuerda. Es una reflexión sobre la manipulación del cuerpo femenino a lo largo de la historia.

Cuerpos

– Hablemos de tus corazones: tan blandos, tan duros … Forrados de piel, atravesados por oquedades, férreos…

– Los veo muy ligados con el sexo, con la animalidad, con la sentimentalidad, como una coraza. Figúrate: lo más interior, una víscera, utilizada como lo más exterior, como una coraza. Es la gran contradicción, el gran travestimento. No hay diferencia: hasta lo muy personal puede ser algo determinado por la educación, las contradicciones de la afectividad, lo exterior…

– Vísceras, pleuras, artilugios sexuales, urinarios… ¿persigue el alma humana rasgando el cuerpo, frágil pero sagrado del hombre?

– Quiero subjetivizar aquello que está allí atrapado por las construcciones culturales impuestas.

– ¿A través de un filtro a amor?

– El filtro tiene que ver con la moralidad, con el control del deseo, con la inquietud de cuanto entra y sale. Todo ello se plasma en mis pinturas. Utilizo un escurreplatos convencional serigrafiado sobre otras superficies donde prevalece la forma procaz de los urinarios plegados y juego con ambas realiadades mezclándolas. A veces domina el filtro, luego se va diluyendo su realidad en otras referencias hasta que casi se pierde mientras que la superficie emerge poderosa apoderándose del cuadro. Luego añado más filtros, más escurreplatos, sin que ninguno se imponga a los demás, están superpuestos, planos, conservando sus múltiples interferencias como un mapa en el que las viejas indicaciones siguen sobreviviendo al alimón con las primeras. Lo vacío es lo más lleno y lo más lleno, lo vacío, porque me interesa cegar esos agujeros que remiten a la profundidad… Estoy hablando muy abstractamente, ya sé, ya sé…